Oda a los rompecabezas
Desde muy chica me gustan los rompecabezas. Recuerdo que de los últimos regalos del Día de Reyes de mi niñez fueron dos rompecabezas: uno de un bosque con una cascada y otro de osos en un bosque. Los tengo tan memorizados porque los hice una y otra vez durante años, hasta que gané un poco de dinero y pude comprarme más rompecabezas. Recuerdo que podía quedarme durante horas haciéndolos, escuchando reportajes en Discovery Channel o History Channel. Eso era lo que yo hacía a la edad en que muchos hacen fiestas o tienen sus primeras historias amorosas. Yo hacía rompecabezas. Cuando llegué a Francia, además de los libros, comencé a comprarme rompecabezas de pinturas de museos. Luego, Diana y yo los hacíamos en mi pequeño cuarto de la Cité-U mientras echábamos chisme sobre el laboratorio. Después los abandoné durante muchos años, porque la #vidadeadulto llega y el tiempo se va trabajando, viajando y luego formando una familia... Pero el año pasado los retomé y me llevé entre las patas a...

