El recuerdo de un verano

El verano está llegando a su fin, afortunadamente. La lluvia ha vuelto y las tardes frescas hacen su regreso, aunque la sombra de una posible canícula nos amenace.

De esos días calurosos, en los que todos sufrimos, solo quedan las marcas del bañador y el cabello quemado por el sol y el cloro. Recordamos que sufrimos, pero ahora somos felices de sacar una chamarra ligera y el paraguas. ¿Es que el tiempo nos hará olvidar lo que vivimos hasta el próximo verano o habrá una verdadera toma de conciencia global de los resultados del cambio climático? ¿Es que los candidatos a la presidencia de Francia incluirán el problema ecológico en su campaña o será olvidado para hablar del voile? El tiempo, a corto plazo, lo dirá, pero no tengo grandes esperanzas.

Mientras tanto, la entrada a la escuela se prepara: uniforme, útiles y libros esperan a ser utilizados. Millones de niños regresan a la escuela para aprender, sin saber que quizás el futuro no sea tan bello como ir al parque o comer helados al salir de caminar.

Esa mezcla de sentimientos —tristeza, preocupación, alegría y mucha melancolía— me ha atacado en estos últimos días del verano. Espero con ansias el otoño, mi estación favorita, aunque temo que no me ayude a subir el ánimo, ya que el otoño es la estación de la melancolía por excelencia.

En fin, en esta transición de la excitación del verano y las vacaciones a la melancolía del regreso a clases, he podido leer mucho. Y creo que mis lecturas han sido un reflejo de mi estado de ánimo. Pasé de libros angustiosos, como “Des filles brillantes” y “L’écho lointaine de l’orage”, que reflejaban las canículas que nos golpeaban, a lecturas agradables y veraniegas, como “La vie en arc-en-ciel” y “Je ne suis pas coupable”, por mencionar unas; hasta el regreso de la realidad y libros que te anclan a lo cotidiano, como “L’Iliade”.

Fueron dos meses y medio de muchos libros y sentimientos encontrados. Adoré regresar al mar y amarlo como el primer día que lo conocí, hace casi 30 años. Adoré el tiempo en familia, ver crecer a Irene, verla tomar forma, personalidad e inteligencia. Seguir envejeciendo con Mr J y estar aún tan enamorados, como el día que decidimos que sería para siempre.

Pero también sufrí al ver al planeta Tierra en estas condiciones, al ver a Mlle M perder a un ser querido y al darme cuenta de que, a veces, solo hay que dejar que todo fluya.

Veremos qué nos depara este fin de año. Intentaré hacer planes soñados para el próximo y veremos lo que la vida nos depara.


La Femme à l'ombrelle — Madame Monet et son fils, Claude Monet, 1875 (https://fr.wikipedia.org/wiki/Fichier:Women_with_umbrella_%281875%29_by_Claude_Monet.jpg) 

Nos seguimos leyendo.