lunes, 18 de abril de 2016

La casa de los espíritus

Un libro que salió el año en que naciste


La casa de los espíritus

Isabel Allende
Debolsillo
453 pp.










Yo nací en 1982, mismo año de la publicación de un libro popular de la literatura latinoamericana y del realismo mágico. Reconozco que dudé en ponerle un adjetivo a este libro, ¿Popular? ¿Clásico? ¿Maravilloso? ¿Sobrevalorado? Quizás lo más adecuado sea  imprescindible, pues sea bueno o no, es un libro que merece leerse por el simple hecho de representar la cultura latinoamericana (al menos como yo la veo), siempre volando entre lo fantástico y lo real.
A pesar que he leído otros libros de Isabel Allende (Paula, La suma de los días y Retrato en sepia), La casa de los espíritus es realmente diferente. No podría decir que sea el estilo, pues sientes la pluma de Isabel Allende en la narrativa. Quizás es solo la “magia” del relato.
En un principio me fue difícil alejarme de la familia Buendía, sobre todo cuando el primer capítulo se titula Rosa la bella (¿coincidencia con Remedios la bella?) y te encuentras con personajes como el tío Marcos que parece tanto a una mezcla de Melquiades y Aureliano. La idea de una copia de mi libro favorito obligaba a mi sentido común a querer detestar La casa de los espíritus. Sin embargo, conforme se avanza en la historia se va perdiendo ese lado fantástico para enfocarse en la historia no solo de una familia, sino también de un país. Por lo tanto, la idea de una copia de Cien años de soledad se va olvidando poco a poco y se disfruta mucho el libro.
La casa de los espíritus es una historia que tiene sabor a recuerdo. Recuerdos de mi propia infancia, pues gracias a este libro podría decir que si toda historia tiene un comienzo, la mía sería en Pozos, Guanajuato en compañía de mi abuela. Porque mi comienzo tiene color a tierra y sabor a polvo al igual que el rancho Tres Marías.
Durante su lectura no solo estuve acompañada de mis recuerdos, sino también de los libros que forman parte de mi historia personal. Al leerlo volví a pasearme por Macondo y el Estanque del patriarca. Me reencontré con mi adorado Levine y sus problemas del progreso del agricultor. Me replantee las preguntas de Tita y el papel de la mujer en la sociedad latinoamericana. Y lo más importante regresé a México, con sus diferencias de clases sociales, su lucha contra los políticos instaurados en el poder durante años, sus sueños de una democracia real y sus miles de desaparecidos y muertos.
Los últimos capítulos son simplemente maravillosos, llenos de historia y emoción. Tan fue así que comencé a buscar sobre la historia en Chile y las últimas palabras de Salvador Allende mientras ocurria el golpe de estado. A veces la realidad sobrepasa la ficción como en este caso. 


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En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

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