jueves, 1 de octubre de 2015

Bella del señor

1. Libro de más de 500 páginas

Belle du Seigneur
Albert Cohen 
Folio
IBN 9782070404025
1110 pp










 Paris 11 agosto 2015 – Cerdeña 22 septiembre 2015

Escribir sobre libros no es fácil y hacerlo sobre Belle du Seigneur (Bella del Señor) no lo facilita nada. El problema no radica en que no me haya gustado el libro, sino en la riqueza y la complejidad de la obra. Recuerdo que una librera me dijo que este libro era especial y que no podía compararse en estilo a otros. Ahora que lo he terminado me doy cuenta de ello.
Buscando ideas encontré magnificas reseñas en el diario El País y los blogs Lo que leo, lo cuento  y Divagando, divagando que me parece absurdo intentar decir lo que otros escribieron. Es cierto que Belle du Seigneur es una historia de amor, algunos la consideran como LA historia de amor del siglo XX. Pero para mí es mucho más que eso, es sobre todo una obra maestra de la narrativa. En lo personal nunca había leído algo similar.
Desde los primeros capítulos entras en la cabeza de cada personaje, en lo que piensan y en como lo viven. Por ejemplo en las primeras páginas se descubre el diario de Ariane y con él se entra en su mundo, se ríe con ella y se siente una gran melancolía por su vida. Conforme avanza la historia surgen otros personajes como los padres del esposo de Ariane (Adrien Daume), cada uno tiene una forma muy peculiar de hablar y aquí el escritor se da el lujo de escribirte como ellos hablan, con sus faltas y muletillas. Cada vez que encontraba uno de estos diálogos sonreía, así, solo por la magia de la escritura. También existen capítulos enteros donde no hay puntuación, como en el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, pero a diferencia del segundo en momentos es difícil seguir el hilo de lo que pasa. Son capítulos que exigen concentración, pues es seguir los pensamientos de alguien y todos sabemos que cuando nos encontramos solos con nosotros mismos nuestras ideas saltan constantemente. Lo mismo pasa con estos capítulos, pero al llegar al final de ellos queda la impresión de un mejor conocimiento del personaje, como si en esos momentos el lector fuera él. Así podría seguir citando momentos que me  parecieron mágicos, pero es algo que hay que vivir en carne propia.
Un amigo que leyó el libro me dijo que estaba dividido en dos partes, la primera que es simplemente genial y la segunda donde predomina la historia de amor. Él me aclaró que como yo soy mujer, quizás disfrutaría la segunda parte al igual que la primera. Al terminar el libro no puedo decir si hubo una parte o no que fuera mi preferida. Pero sé que me dio mucha tristeza perder a personajes que me hicieron reír como M y Mme Daume, o  el tío de Solal (el amor de Ariane) y sus amigos, que me recordaron tanto a los acompañantes de Woland (Koroviev, Béhémoth y Azazello) en Le Maitre et Marguerite de Mikhaïl Boulgakov.
Antes de hablar de esas páginas de amor, me gustaría mencionar algo que me marcó mucho. Albert Cohen comenzó a escribir en 1930 pero es hasta 1968 que se publicó debido a la Segunda Guerra Mundial. Y es este ambiente hostil contra los judíos que acompaña la historia, desde el principio hasta el final. Yo aprendí mucho sobre el odio que se tenía a los judíos en toda Europa, pues para mí solo era Alemania que hacía propaganda antisemita. Hay un capítulo en especial que relata el encuentro entre Solal (Solal y Albert Cohen son judíos como sus apellidos lo indican) y unos judíos que se encuentran refugiados en una cava durante las ráfagas nazi en Alemania, que está lleno de fuerza y belleza. Durante esas líneas me sentí confundida, oprimida, desesperada y triste, muy triste. Simplemente hermoso.
Durante la historia de amor pasé de adorar los momentos de amor compartidos, aburrirme al máximo con la perfección de su amor (como le pasa a Solal), pasar por la ira y el coraje durante las escenas de celos. Y antes del final pensé que todas esas páginas quizás estaban de más, que Albert Cohen debería haber resumido un poco. Pero en los últimos dos capítulos todo tiene sentido, porque son esas 400 páginas de puro amor que te hacen sentir lo que el escritor quiso decir. Porque durante las últimas líneas sufres al recordar cada momento, lo revives en tu mente y todo está claro, eso es amor.
Terminé llorando como Magdalena con el final, hace mucho un libro no me hacía sentir así. El final me lo leyó mi esposo y se me hizo tan romántico, pero al mismo tiempo creo que perdí un momento que solo nos correspondía a Cohen y a mí, que no pude decirles adiós a Ariane y Solal.

Para mi segundo reto, un romance clásico, elegí Anna Karénine de Tolstoï. En realidad siempre me sentí incapaz de leer literatura rusa hasta que descubrí a Boulgakov. Gracias a mi librera y la emoción con que me describió Anna Karénine decidí leerlo y hasta ahora va muy bien. Mi esposo leyó La Princesse de Clèves de Marie-Madeleine de La Fayette y creo que las historias de amor no son lo suyo. Quizás tenga más suerte con el tercer reto.

1 comentario:

  1. Me encanta este libro. Tardé una eternidad en leerlo porque me daba pena terminarlo. Y no me canso de recomendarlo
    Besos

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En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

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