viernes, 27 de abril de 2018

Ana vestida de rojo

Mi cumpleaños número 18 coincidió justamente con las elecciones del año 2000. La verdad es que nunca estuve interesada con el futuro de mi país, así que voté como mi mamá y mi hermano mayor por Gilberto Rincón Gallardo. Yo solo sabía que era del partido socialista (primera vez en México) y que los “intelectuales” votaban socialistas.
Para las elecciones del 2006 creo que voté por Calderón. Recuerdo que los dos candidatos estaban tan cerca uno del otro, que el resultado se dio hasta altas horas de la madrugada. No sé si hice bien en votar por Calderón, todos vimos los resultados, pero nunca sabré si hubiera estado mejor con AMLO. Sí, porque aunque gane este año las condiciones no son las mismas que en 2006 y eso cambia todo.
Para el 2012 yo ya no estaba en México, así que me desperté solo para conocer al “ganador”.  El periodo electoral  lo seguí vagamente. Y creo que es hasta ahora que me pregunto ¿por quién hubiera votado? La respuesta no es evidente.
Entre las dos últimas elecciones conocí a Mr J quién, como la mayoría de los franceses, respiran y viven la política. Y fue gracias a él que comencé a inquietarme por mis tendencias políticas. En Francia es muy importante saber hacia qué lado te inclinas. En un principio Mr J se “burlaba” de mi diciendo que era de derecha, niña católica salida de su casa, con muchos a priori sociales y económicos. Pero cuando encontré trabajo y terminé como funcionario público lo más lógico era voltearme hacia la izquierda. Además de que salió mi yo idealista: igualdad de clases, igualdad de géneros, matrimonio para todos, libertad de prensa, etc. Hasta que empecé a tocar “poder al proletariado” y sentirme casi comunista. En ese momento Mr J me decía “qué bueno que tú no puedes votar”.


A mí me parecía absurdo que Mr J, siendo un convencido de izquierda (ahora menos porque la izquierda en Francia ha casi desaparecido… pero esa es otra historia), no quisiera que el pueblo tuviera el poder. El trataba de explicarme de mil formas el por qué, pero para mí eran más bonitas las ideas de Marx que todas sus razones. Entonces lo único que le quedó para hacerme reflexionar fue regalarme un montón de libros que directa o indirectamente hablan de comunismo.

Es así que comencé a leer sobre el comunismo.

Lo primero que leí fue Rebelión en la granja de George Orwell, el cual es una excelente forma de empezar. George Orwell te explica en unas cuantas páginas, en una manera graciosa y didáctica los orígenes del comunismo y sus dos ramas principales, Stalin o Trotsky. Además del porque “todos los animales son iguales, pero hay unos más iguales que otros”. 

Después leí el Dr Jivago de Boris Pasternak que no habla precisamente del comunismo sino de sus inicios, la Revolución Rusa. El Dr Jivago es un fresco histórico maravilloso, los personajes son formidables y cada uno representa un estrato fundamental de la sociedad rusa. Esa sociedad que estaba fragmentada y necesitaba forjarse un nuevo camino dejando atrás los zares. Gracias a él entendí porque una idea que venía de Alemania, el Marxismo, pudo germinar en Rusia. 

Posteriormente seguí con Corazón de perro de Mijaíl Bulgákov. En esta novela corta, Bulgákov relata como un doctor cirujano implanta una glándula pituitaria y los testículos de un humano a un perro. Después de la operación el perro comienza a tener un comportamiento humano algo grotesco. Bulgákov escribió esta novela en 1925, momento en el cual el Estado Soviético parecía relajarse. Por ello es una sátira a lo que debería ser el nuevo hombre soviético. Esta interpretación es difícil en una primera lectura (creo que se necesita un análisis de la obra en paralelo para entenderla), sin embargo deja claro la vida cotidiana en la Unión Soviética durante el comunismo. 

De los dos libros siguientes ya les he hablado mucho, pero no desde el punto de vista político. No los pongo en orden cronológico de lectura para que sea más lógico.

En La storia de Elsa Morante, vemos como los movimientos de resistencia en Italia contra Mussolini eran principalmente comunistas. Lo que significa que cuando la Segunda Guerra Mundial estaba por terminar se consideraba al comunismo como vencedor sobre el fascismo. Entonces el comunismo comenzó a expandirse fuera de Rusia.

En Cuaderno dorado de Doris Lessing, la protagonista forma parte del partido comunista en Inglaterra. Ella está encargada de revisar los libros y artículos que pueden autorizarse por el partido para publicación. Cuando ella se unió al partido creía en la igualdad de clases y el poder del proletariado, pero conforme avanza en años nota los “secretos” del comunismo en Rusia: censura, desapariciones, racismo (principalmente contra los judíos, si después de todo lo que venían de pasar de 38-45), despotismo, etc. Estos motivos la obligan a dejar el partido al igual que muchos otros y a ver como la nueva generación iniciaba a adaptar el comunismo en socialismo.

Finalmente leí Vida y destino de Vasili Grossman el cual fue el tiro de gracia. La trama se desarrolla durante la batalla de Stalingrado entre rusos y alemanes (1942-1943). Stalingrado es de gran importancia durante la Segunda Guerra Mundial, porque representa una  gran pérdida de los alemanes en el territorio del este. Lo que permitió a los rusos recuperar terreno y cambiar la suerte de los aliados. Durante la batalla de Stalingrado hubo miles de muertes, civiles en su gran parte. Y es justamente en esta parte que se centra especialmente Vida y destino, en el cotidiano de la gente que vivía esta batalla.  Podría pasarme horas escribiendo sobre esto y nunca acabaría de los horrores que leí. Lo peor es que no es entre alemanes y rusos, no, son rusos entre rusos (soviéticos si prefieren). Esto es lo que más me indignó, porque no son daños debido a una guerra sino a un régimen político. Vasili Grossman deja en claro que al final fascismo y comunismo tienen la misma raíz y el mismo objetivo.

Hasta aquí voy en mis libros del comunismo, pero aún me falta mucho: comunismo en China, en Cuba, Corea, etc. Y no es porque aún me quiera convencer de que el comunismo es una opción, sino que el comunismo marcó (y lo sigue haciendo) la historia de la humanidad. 

Después de todo esto se preguntaran ¿y de qué lado se inclina Ana? La verdad es que no lo sé, por ahora lo único que sé es que los extremos nunca serán la opción. Y creo que aunque pudiera definirme como de izquierda o derecha no me serviría mucho para saber por quién votar en México.  Porque la oferta política en México tampoco ha definido de qué lado está.

Les deseo mucha paciencia, perseverancia y sabiduría para estos próximos meses que se anuncian duros en México.

Nos seguimos leyendo

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En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

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