viernes, 4 de diciembre de 2015

Orgullo y Prejuicio

2. Romance clásico
 
Orgullo y Prejuicio (Orgueil et préjugés)

Jane Austen
Le livre de Poche
ISBN 978-2-253-08890-5
501pp









Paris, 03 de diciembre 2015
Cuando el reto literario me propuso un romance clásico, lo primero que pasó en mi cabeza fue una historia de amor de esas que todas las mujeres soñamos: el príncipe azul que se casa con la pobre chica llena de sueños e ideales. Así que cuando leí Anna Karénine sentí que algo me faltaba a pesar de que adoré el libro. Entonces decidí hacer un segundo romance que acabaría con el vivieron felices para siempre.
En la información de mi perfil escribí que siempre sería una pequeña niña enamorada de las historias de Jane Austen. Aunque reconozco que conocía más a Jane Austen por sus adaptaciones al cine o la televisión, hasta que leí Sensatez y Sentimientos en el mes de marzo. Fue en ese momento que me di realmente cuenta que Jane Austen sabe escribir historias de amor como me gustan, así que lo más lógico era leer algo de ella. Desde hace algún tiempo (desde que no tengo Facebook, para ser exactos) me ha dado por ver videos de booktubers. En muchos de ellos hablaban de Orgullo y Prejuicio, ya sea porque muchas de ellas sueñan con ser como Miss Elisabeth Bennet o encontrar un Mr Fitzwilliam Darcy, que me dije por qué no leerlo.
Hay que reconocer que las historias de Jane Austen no son muy complicadas y el hecho de comenzar a leer Orgullo y Prejuicio después de haber leído Anna Karénine no me ayudó mucho. Pues es cierto que Anna Karénine es una historia compleja, llena de personajes atractivos y de una narrativa maravillosa, que me sentí un poco desilusionada cuando comencé a leer Orgullo y Prejuicio. Al principio creí que se debía a la traducción (del inglés al francés), pero terminé por reconocer que fue un error querer comparar la literatura rusa de finales de XIX con la literatura inglesa de principios del mismo siglo. Son estilos y temas muy diferentes. Una vez entendido esto comencé a disfrutar mi libro.
Fue así que finalmente me permití conocer a Lizzy y su familia, los Bennet. Reí tanto con ellos, el humor cínico del padre, la madre que daban ganas de patearla al igual que las hijas menores Kitty y Lydia, Mary que vive en su mundo de libros, y claro esta Jane y Elisabeth. Viví con ellos en Longbourn, asistí a sus bailes y coqueterías, tomé el té con ellos, caminé con ellos en los jardines ingleses y lo más importante me enamoré de Mr Darcy como Elisabeth y muchas, muchas mujeres en todo el mundo. Porque Mr Darcy es “el hombre ideal” desde un punto de vista totalmente romántico. Pues en realidad yo prefiero un hombre más abierto y con mejor sentido del humor… pero es otra historia.
Y estoy de acuerdo con muchos comentarios ya hechos sobre Elisabeth Bennet. Ella es una mujer “revolucionaria” en su época. Prefiere leer y caminar a buscar marido, es capaz de decir su opinión y no callar aunque las reglas sociales exijan lo contrario y lo más importante, casarse por amor. Claro que visto con los ojos de una mujer del siglo XXI, todo esto parece muy absurdo. Pero sobretodo no hay que olvidar la época en la que fue escrito. Y es aquí donde reconocemos a Jane Austen, pues ella al igual que Elisabeth, fue alguien revolucionario en su época. Prefirió dedicarse a escribir a casarse con alguien que no amaba, aunque en un principio los libros aparecían a nombre de su hermano Henry Austen y es hasta después de su muerte que éste decide publicarlos al nombre de Jane.
Pero hay cosas que no cambian a pesar de los años. Mientras leía Orgullo y Prejuicio, una compañera de trabajo me platicaba sus penas de amor típicas en una mujer. Después de querer razonar con ella me apareció esta cita en el libro: “Lo que ama una joven, además de casarse, es tener penas del corazón de vez en cuando. Esto le da materia para reflexionar y eso la distingue de sus amigas” (Ce qu’aime une juene fille, à part se marier, c’est avoir une peine de coeur de temps à l’autre. Cela donne matière à réfléchir et cela la distingue de ses amies), le pasé el libro para que la leyera, ella sonrió y desde entonces no me ha vuelto a hablar de sus penas de amor.
Al final de cuentas los hombres deberían leerlo para que entiendan la forma de pensar de las mujeres enamoradas y las mujeres para que encuentren a ese hombre perfecto que buscan, pues la realidad es diferente. Pero como diría Elisabeth cuando decide casarse con Mr Darcy : “Yo soy más feliz que Jane, ella solo sonríe, yo río” (Je suis même plus heureuse que Jane: elle ne fait que sourire, moi je ris). Asi me siento yo cuando comparo a Mr Darcy con mi esposo.
El libro lo terminé ayer mientras estaba tirada en cama con un catarro (es mi lado masculino, un catarro me mata) y tengo que reconocer que fue el mejor momento para hacerlo. Entre cobijas, medicamentos y té, con el frio bien instalado, solos mi libro y yo.

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En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

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